lunes, 1 de diciembre de 2014

5. Instituto de Nutrición de Herbalife. Libro Guía de Nutrición. Capítulo 3. La proteína

La proteína – El "primer" nutriente El origen de la palabra proteína proviene de la idea que las proteínas son esenciales para la vida y el primer nutriente. Un aumento de proteína ayuda a controlar el apetito y a mantener el peso corporal.

La palabra “proteína” procede de la idea de que las proteínas son fundamentales para la vida y que es el primer nutriente. Las vitaminas (vita, que significa vida y amin, proteínas) obtuvieron su nombre de la impresión errónea que los aminoácidos, los fundamentos de la proteína, fueron los componentes esenciales para mantener la vida. El mantenimiento de las cantidades de proteína en los músculos y los órganos es esencial para la vida y el objetivo principal de la adaptación a la inanición. De hecho, una pérdida del 50 por ciento de proteína en el cuerpo es generalmente reconocido como incompatible con la vida.   Las proteínas se encuentran tanto en alimentos de origen animal y vegetal, pero la mezcla de aminoácidos, los fundamentos de la proteína que se encuentra de distintas fuentes, varía. Como resultado, hay 21 aminoácidos comunes (no esenciales) y nueve aminoácidos esenciales. Los aminoácidos esenciales son aquellos que no pueden ser sintetizados de otros aminoácidos, pero deben ser consumidos en la dieta. La manera más usual en que se forman los aminoácidos no esenciales es por el metabolismo de otros aminoácidos. Todos los aminoácidos tienen una estructura básica de nitrógeno alfa-amino y ácido carboxílico. Lo que define su identidad es la cadena lateral denotado como R en el siguiente diagrama: 
    R - C – C – O – O – H  
          NH2 
  Algunos aminoácidos se denominan condicionalmente esenciales, ya que deben ser consumidos en la dieta durante el crecimiento para ofrecer tasas adecuadas de crecimiento, pero algunos se convierten en no esenciales en los adultos que dejaron de crecer. Uno de esos aminoácidos es la histidina, que es esencial para el crecimiento de ratas, pero no las ratas adultas. Muchos de los datos sobre la esencialidad de los aminoácidos se obtiene en las ratas, donde la eliminación de un solo aminoácido es una manera de ver si un determinado aminoácido es esencial. Por ejemplo, la lisina y treonina no se pueden hacer de otros aminoácidos por transaminación y deben incluirse en la dieta. 
Aminoácidos esenciales Histidina      Fenilalanina Isoleucina      Treonina Leucina      Triptófano Lisina       Valina    Metionina  
Aminoácidos no esenciales Alanina       Glicina Arginina      Prolina Asparagina      Serina Ácido Aspártico     Taurina Cisteína       Tirosina Acido Glutámico Glutamina 
Almacenes de proteína y supervivencia 
 La humanidad se adapta muy bien a la desnutrición y al hambre. Esta adaptación se refleja tanto en la manera como el cuerpo almacena la energía y cómo se usan las reservas de energía cuando el consumo de alimentos se reduce o elimina por completo. En un hombre de 70 Kg, el almacenaje más grande de las calorías es en el tejido adiposo en forma de grasa, con alrededor de 135,000 calorías almacenadas como 13.5 Kg de tejido adiposo. Este compartimiento de almacenaje puede ser ampliado en gran medida con la sobrealimentación a largo plazo en individuos obesos. Existen alrededor de 54,000 calorías almacenadas en forma de proteínas, tanto en los músculos como las vísceras. Sólo la mitad de estas calorías pueden ser transportadas como energía, ya que la pérdida del 50 por ciento de las reservas de proteínas en el cuerpo son  conocidos ser incompatible a la vida. Además de ser una fuente de energía, la proteína desempeña un papel funcional en muchos órganos, incluyendo el hígado, y el agotamiento se asocia con alteraciones de la inmunidad a la infección. De hecho, la causa más común de muerte en una epidemia de hambre suele ser la neumonía bacteriana simple. La conservación de proteína es una adaptación estrechamente ligada a la supervivencia durante la inanición aguda. 
Reservas de Energía en el Cuerpo de un Hombre Delgado de 70 kg
Glucógeno Hepático = 400 kcal
Triglicérido de Tejido Adiposo 120,000 kcal
Triglicérido Hepático = 450 kcal
Triglicérido Muscular = 3000 kcal Glicógeno Muscular = 2500 kcal
Los Suplementos con proteínas para el control de peso Los mecanismos que contribuyen a la obesidad son complejos e involucran la interacción de los componentes de comportamiento con los procesos hormonales, genéticos y metabólicos (1–3). Existen pruebas de que ha aumentando modestamente la proporción de proteína en la dieta, mientras que controlar el consumo total de energía, puede mejorar la composición corporal, facilitando la pérdida de grasa y mejorando el mantenimiento del peso corporal después de la pérdida de peso (3-6). Un número de estudios recientes también ha demostrado que una dieta con menos porciones de carbohidratos mejora el control glucémico en individuos sanos y en pacientes con diabetes tipo 2, y en un período de 6 a 12 meses puede conllevar a una mejora de los triglicéridos en ayunas, y la proporción entre el HDL y el colesterol total (7, 8). Sin embargo, la pérdida de peso y el mantenimiento son posibles con una dieta baja o alta en carbohidratos. Los datos anteriores del Registro de Control de Peso sugieren que entre las características comunes de los pacientes que lograron mantener la pérdida de peso a largo plazo fue la aprobación de una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos (9). Los datos más recientes indican que las dietas con un contenido moderado de grasa también pueden ser eficaces (10). Sin embargo, se cree que los resultados positivos vinculados con el aumento de proteínas en la dieta se deben a un menor consumo de energía asociado con un aumento de saciedad (8, 11-13), reducción en la eficiencia de energía y/o aumento de la termogénesis (14-16), efectos positivos en la composición corporal, especialmente la masa muscular magra (4, 17, 18) y un mejor control glucémico (18, 19).
  Se conoce bien que bajo la mayoría de condiciones, la proteína es más saciable que el consumo isoenergético de carbohidratos o grasas (8, 11-13). Esto sugiere que un aumento moderado en proteínas, a costa de otros macronutrientes, pueden promover la saciedad y facilitar la pérdida de peso mediante al consumo reducido de energía (20). Se ha observado el aumento de saciedad de las proteínas en una sola comida (21, 22) y en más de 24 horas (23). En un estudio a corto plazo, se examinaron la saciedad y la tasa metabólica durante un período de 24 horas en una cámara de respiración. Durante todo el día, la saciedad fue mayor en el grupo de alta proteína (proteína / carbohidratos / grasa: 30/60/10 por ciento de energía), en comparación con el grupo de alto contenido de grasa (proteína / carbohidratos / grasa: 10/30/60 por ciento de energía). Es importante destacar que este efecto se observó en los períodos después del consumo de un alimento, así como durante las comidas (12).   El balance negativo de energía producido por las dietas altas en proteínas se debe probablemente a un menor consumo espontáneo de energía provocado por una sensación mayor de saciedad (11–13) y un mayor efecto termogénico (14–16). Esta capacidad de dieta moderada más alta en proteínas para limitar la recuperación del peso después de haberlo perdido es ultimadamente el factor determinante de la eficacia. En un estudio de 113 hombres y mujeres con sobrepeso moderado que perdieron de 5 a 10 por ciento de su peso corporal con una dieta muy baja en energía durante cuatro semanas, aquellos que consumieron 18 por ciento de su energía en forma de proteínas (101,7 g / d), durante una fase de control de peso de 6 meses, recuperaron menos peso que los participantes que consumían un 15 por ciento de su energía como proteína (82,7 g / d) (17). A pesar de sólo una diferencia de 3 por ciento de la energía derivada de proteína, los investigadores señalaron que este efecto era independiente de los cambios en el sistema de retención cognitiva, actividad física, el descanso o el gasto energético total y las puntuaciones de apetito, ya que ninguno de estos parámetros fueron diferentes entre los grupos. A pesar de ciertas evidencias de que una dieta alta en proteínas puede disminuir el efecto sobre la saciedad al ser expuesto de forma habitual (24), otros han sugerido que efectos mayores de saciedad por una dieta alta en proteínas son relativamente de larga duración (25-27). En un estudio de 16 semanas, los participantes que consumieron una dieta alta en contenido de proteínas (34%) / baja en grasa (29%) reportaron mayor sensación de saciedad después de comer en comparación con los participantes que consumieron una dieta estándar en proteínas (18%) / mayor en grasa (45%) (27).
REFERENCIAS
1. Skov AR, Toubro S, Ronn B, Holm L, Astrup A. Randomized trial on protein versus carbohydrate in ad libitum fat-reduced diet for the treatment of obesity. Int J Obes Relat Metab Disord 1999;23:528–36 2. Tremblay F, Lavigne C, Jacques H, Marette A. Role of dietary proteins and amino acids in the pathogenesis of insulin resistance. Annu Rev Nutr 2007;27:293–310.  3. Westerterp-Plantenga MS, Lejeune MP. Protein intake and body-weight regulation. Appetite 2005;45:187–90.  4. Westerterp-Plantenga MS, Lejeune MP, Nijs I, van Ooijen M, Kovacs EM. High protein intake sustains weight maintenance after body weight loss in humans. Int J Obes Relat Metab Disord 2004;28:57–64.  5. Layman DK. Protein quantity and quality at levels above the RDA improves adult weight loss. J Am Coll Nutr 2004;23:631S–6S.  6. Layman DK, Evans E, Baum JI, Seyler J, Erickson DJ, Boileau RA. Dietary protein and exercise have additive effects on body composition during weight loss in adult women. J Nutr 2005;135:1903–10.  7. Westman EC, Feinman RD, Mavropoulos JC, et al. Low-carbohydrate nutrition and metabolism. Am J Clin Nutr 2007;86:276–84.  8. Yancy WS Jr, Olsen MK, Guyton JR, Bakst RP, Westman EC. A low- carbohydrate, ketogenic diet versus a low-fat diet to treat obesity and hyperlipidemia: A randomized, controlled trial. Ann Intern Med 2004;140:769– 77.  9. Hill JO, Wyatt H, Phelan S, Wing R. The National Weight Control Registry: Is it useful in helping deal with our obesity epidemic? J Nutr Educ Behav 2005;37:206–10.  10. Phelan S, Wyatt HR, Hill JO, Wing RR. Are the eating and exercise habits of successful weight losers changing? Obesity (Silver Spring) 2006;14:710–6.  11. Astrup A. The satiating power of protein – a key to obesity prevention? Am J Clin Nutr 2005;82:1–2.  12. Westerterp-Plantenga MS, Rolland V, Wilson SA, Westerterp KR. Satiety related to 24-hour diet-induced thermogenesis during high protein/ carbohydrate versus high-fat diets measured in a respiration chamber. Eur J Clin Nutr 1999;53:495–502.  13. Westman EC, Yancy WS, Edman JS, Tomlin KF, Perkins CE. Effect of 6-month adherence to a very low, carbohydrate diet program. Am J Med 2002;113:30–6.  14. Raben A, Agerholm-Larsen L, Flint A, Holst JJ, Astrup A. Meals with similar energy densities but rich in protein, fat, carbohydrate or alcohol have different effects on energy expenditure and substrate metabolism but not on appetite and energy intake. Am J Clin Nutr 2003;77:91–100.  15. Tappy L. Thermic effect of food and sympathetic nervous system activity in humans. Reprod Nutr Dev 1996;36:391–7. 
16. Parker B, Noakes M, Luscombe N, Clifton P. Effect of a high-protein, high- monounsaturated fat weight-loss diet on glycemic control and lipid levels in type 2 diabetes. Diabetes Care 2002;25:425–30.  17. Lejeune MP, Kovacs EM, Westerterp-Plantenga MS. Additional protein intake limits weight regain after weight loss in humans. Br J Nutr 2005;93:281–9.  18. Layman DK, Boileau RA, Erickson DJ, et al. A reduced-ratio of dietary carbohydrate to protein improves body composition and blood lipid profiles during weight loss in adult women. J Nutr 2003;133:411–7.  19. Farnsworth E, Luscombe ND, Noakes M, Wittert G, Argyiou E, Clifton PM. Effect of a high-protein, energy-restricted diet on body composition, glycemic control and lipid concentrations in overweight and obese hyperinsulinemic men and women. Am J Clin Nutr 2003;78:31–9.  20. Tannous dit El Khoury D, Obeid O, Azar ST, Hwalla N. Variations in postprandial ghrelin status following ingestion of high-carbohydrate, high-fat, and high-protein meals in males. Ann Nutr Metab 2006;50:260–9.  21. Blom WA, Lluch A, Stafleu A, et al. Effect of a high-protein breakfast on the postprandial ghrelin response. Am J Clin Nutr 2006;83:211–20.  22. Latner JD, Schwartz M. The effects of a high-carbohydrate, high-protein or balanced lunch upon later food intake and hunger ratings. Appetite 1999;33:119–28.  23. Lejeune MP, Westerterp KR, Adam TC, Luscombe-Marsh ND, Westerterp- Plantenga MS. Ghrelin and glucagon-like peptide 1 concentrations, 24-hour satiety, and energy and substrate metabolism during a high-protein diet and measured in a respiration chamber. Am J Clin Nutr 2006;83:89–94.  24. Long SJ, Jeffcoat AR, Millward DJ. Effect of habitual dietary-protein intake on appetite and satiety. Appetite 2000;35:79–88.  25. Weigle DS, Breen PA, Matthys CC, et al. A high-protein diet induces sustained reductions in appetite, ad libitum caloric intake and body weight despite compensatory changes in diurnal plasma leptin and ghrelin concentrations. Am J Clin Nutr 2005;82:41–8. 26. Leidy HJ, Carnell NS, Mattes RD, Campbell WW. Higher protein intake preserves lean mass and satiety with weight loss in pre-obese and obese women. Obesity (Silver Spring) 2007;15:421–9. 27. Moran LJ, Luscombe-Marsh ND, Noakes M, Wittert GA, Keogh JB, Clifton PM. The satiating effect of dietary protein is unrelated to postprandial ghrelin secretion. J Clin Endocrinol Metab 2005;90:5205–11.