lunes, 25 de noviembre de 2013

Semana 3 -Escuela de alimentación correcta. Las dietas funcionan ?

                                                       


SEMANA 3

LAS DIETAS Y, ¿POR QUE NO FUNCIONAN?


Dieta yo-yo, subir y bajar

Lo peor que le puedes hacer al cuerpo es bajar de peso, subir nuevamente (por sobre el peso inicial), bajar y nuevamente volver a subir. Ese tipo de dietas pueden producir una disminución en el metabolismo y también enfermedades del corazón y cáncer.
Autora: Mijal Gilón
Si jugaron con un yo-yo cuando eran niños, seguramente recuerdan como sube y baja, sube y baja, sube y baja y lo repite una y otra vez. Muchas personas que están “a dieta de manera crónica”, y que hacen dieta casi a lo largo de toda su vida, experimentan el mismo movimiento, pero en su peso.

¿Y esto es malo?
¡Es pésimo! Las investigaciones muestran que tener sobrepeso puede dañar menos, que el daño que producen épocas de dieta yo–yo, las que dificultan el mantenimiento de un peso adecuado por un tiempo prolongado, y pueden producir la disminución del ritmo del metabolismo en el cuerpo, disturbios alimenticios y una pésima autoestima. Según algunas investigaciones, los ciclos de grandes cambios en el peso también elevan el riesgo de desarrollar enfermedades al corazón y algunos tipos de cáncer.

¿Por qué es malo? – La explicación fisiológica
Épocas de grandes cambios en el peso son por lo general el resultado de una dieta muy estricta, desde el punto de vista de una disminución de peso rápida o de la utilización de métodos peligrosos para bajar de peso como pastillas y “máquinas milagrosas” de todo tipo.
Nuestro cuerpo tiene tejidos de músculos y tejidos de grasa. Los tejidos de músculos funcionan intensamente desde la perspectiva del metabolismo y por lo tanto el objetivo es mantenerlos e incluso aumentarlos. Los tejidos de grasa tienen poca actividad desde la perspectiva del metabolismo, es decir, utiliza menos energía. La grasa es el depósito de todas las calorías sobrantes que ingresaron en nuestro cuerpo y no se aprovecharon y de ellos nosotros esperamos deshacernos cuando deseamos adelgazar.
Cuando hacemos una dieta muy baja en calorías y sin aportar al cuerpo todos los nutrientes esenciales, bajamos de peso principalmente por la pérdida de tejidos musculares y líquidos, y solo un poco por la pérdida de los tejidos grasos. Cuando subimos nuevamente de peso (por lo general es con un aumento de peso aún mayor) aumentamos principalmente la capa de grasa. Así que si evaluamos la constitución del cuerpo del los que hacen dieta yo-yo, a lo largo del tiempo, descubriremos que al final del proceso el cuerpo tiene mucha más grasa y mucho menos músculo que antes de su último yo-yo y así continúa sucesivamente.
Si los ciclos de yo-yo se repiten, así mismo el cuerpo necesita cada vez menos calorías para mantener su peso (porque tiene mucho menos tejidos musculares que funcionan desde el punto de vista del metabolismo de manera acelerada, y mucho más tejidos de grasas que funcionan lentamente desde el punto de vista  del metabolismo, por lo que necesita menos calorías para su funcionamiento diario. ¿Y qué le ocurre a las calorías sobrantes? Se almacenan como grasa. El resultado, engordan y les es más difícil adelgazar en el siguiente intento.

¿Por qué es malo? – La explicación comportacional
La pérdida de peso que subimos después de forma constante no solamente lentifica el metabolismo en el cuerpo, también aumenta la sensación de frustración y fracaso. El resultado por lo general es el deseo por lo dulce y la pérdida de fuerza de voluntad.
La siguiente situación seguramente te parece conocida de una forma u otra: decidiste empezar una dieta y te impusiste evitar completamente el chocolate, lo que más te gusta. Al principio es bastante fácil, pero después la tentación crece y se vuelve insoportable, y es entonces, sin saber exactamente cómo en un instante, el chocolate de pronto se encuentra en tu boca y junto a él te llena de sentimientos de vergüenza y culpa del “pecado” que cometiste. Los pensamientos te dan vuelta en la cabeza. “Destruí todo”, “no tengo fuerza de voluntad”, “soy un fracaso”, “para qué esforzarme, de todas maneras me voy a dar por vencida.”
Pero el factor de fracaso no es el chocolate, o cualquier otro alimento, sino la pésima mentalidad de la dieta. La tendencia más destructiva de las personas que hacen dieta son sus formas de pensar, que boicotean su éxito. Esperamos la corrección rápida del peso y por esto actuamos a corto plazo, en lugar de invertir a largo plazo. Pensamos en blanco y negro (es un poco infantil ¿no? Especialmente si comparamos esto con otras acciones nuestras). Separamos los alimentos en “buenos” o “malos”, e incluimos en los “malos” los alimentos sabrosos y que “engordan”, y así convertimos los alimentos que nos gustan y tientan en prohibidos. El chocolate o comer chocolate no son el problema. El problema es la mala sensación después de comerlo.

¿Hay un camino mejor?
Lo hay, la fuerza de voluntad no tiene que ser para evitar los alimentos de la larga lista de “alimentos prohibidos”. En lugar de esto definamos la fuerza de voluntad como la posibilidad de elegir y la responsabilidad. Es decir, comer algo que esté  incluido en la dieta pero que realmente queramos. E incluso si comimos más de lo que debemos, si reconocemos que somos los que elegimos – y no nos mueven sin control – podremos después continuar por nuestra senda sin destruirnos.